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"José Alejandro Peña, con solamente El soñado desquite, es un poeta de primer orden en las letras universales. Profundo como Whitman, raro como Pound, alucinante como Péret y Bretón, armonioso y ducho como Eliot. Pocos poetas dominicanos tienen en su haber una obra tan limpia y profunda como la suya."

Jade Marina Kostenbader

 
 

"El soñado desquite, un libro que, desde la primera hasta la última línea, se constituye en planos muy superiores de ver la realidad y trascenderla"

Ernesto Fernández

 

 
 

José Alejandro Peña

El soñado desquite

Premio Nacional de Poesía de 1986

 
 
 
 
El soñado desquite
José Alejandro Peña
Poesía
5½' X 8½"
Precio $10.95
 

***Se despacha en 24 horas a todas partes del mundo***

DE VENTA EN TODAS LAS LIBRERIAS

CARACOL


Sangrante caracol que el cielo llena
de abultados reflejos inservibles
una espiral de muerte una espiral
de vida que se sueña
dislocada eclosión y brazo y brasa...
El huracán de piedra de la memoria
con sus dedos de humo y guillotina
decapita los ecos aurorales que
te dicen: soñar es estar vivo.
Soñar el propio abismo restaurado
con una sed ahogada por la piedra
y sentir que la noche se arranca con
mis uñas los pedazos de rabia que le
cedo.
Soñar el suelo abierto
en cada filo
en cada sed
en cada ida
es recobrar la infancia de los remos
que aúllan.
El mar acaba sofocado en pieles
alteradas por ningún sonido.



EL BUSCADOR DE TESOROS


¿Eres tú el buscador de tesoros que duerme
en la espiral de una angustia que se olvida
en la noche?
No, le digo. Soy un grano de sol partido por la ola.
Y se arrincona en el ángulo del codo la nostalgia
o la lluvia.
¿Qué es eso que se adhiere al aire como una
flor de polvo?
¿Qué es el hombre sino una constancia sucesiva
de la nada que vierte y que lo vierte,
sustituto de su propio caminar?
Tú, que buscas en ti mismo,
¿qué ves? ¿qué has encontrado en ti
más duradero que tu propio vacío?
Huye de todo lugar, busca refugio
en la intemperie más abierta,
en la distancia impensada,
allí donde una palabra se renueva,
donde se forja tu camino,
donde todo regreso es nirvana.



AMNESIA


Hay dormido en mí un grito espeso.
Tiemblan mis dedos al tocar la luz.
Hay otras caras hundidas en el polvo
y máscaras que se amontonan
en el último tachado de la página.
Hay en mi decir la eternidad del vuelo
que a causa de su pájaro se inflama
y es sólo música y ceniza.
Hay un cordel infinito que me afirma
en el que pongo a secar todas mis venas
ya sin mí
y mi voz se tizna en el aliento de los pájaros.
Aparezco ante los hombres como el último.
Ahuyento las angustias del sueño
en que me espero.
Pongo a secar mis venas otra vez y otra
hasta surgir soñado por demonios y ángeles.



ODA NOCTURNA


La noche en mi garganta como pájaro:
aliento quemado por mi sed.
Las negruzcas estrellas beben el alma
de los muertos.
La soledad es el único triunfo del hombre.
Tiembla mi última palabra
en su ataúd.
La soledad es un retorno del hombre
hacia el hombre.
Cae sobre un latido ceniciento
el pensamiento vivo de la oruga.
Las luces enterradas en vagos ademanes
cubren las cicatrices del arroyo.
Una verdad no dura o re-verdece
sobre el camino propio, abandonado.
La eternidad se cubre con un poco de sol
en un país por nadie visitado.



LA MAGIA DEL EGO


Busco y no encuentro a quien decir "me ahogo",
me tienta mi persona a estar callado, lúcido
corchete del olvido.
Igual a cuanto surge y cuanto pasa, mi aureola
de granizo.
Yo soy la sucesión de lo que viene detrás
conmigo al hombro
y soy esa ilusión de mí que bordo a las
camisas fugitivas.
La muerte tiende sus redes áureas
sobre el lago inconcluso del espejo.
¿Hay un espejo en el lugar vacío
de los presentimientos que añoramos?
He dado lo que hallé
muy tarde en mi persona
al otro de los otros que componen
mi yo, tan diminuto.
Estoy cansado, pero insisto...
El hombre no se hace conciente
de su propio yo
hasta disolverlo en ese otro de los otros,
tan menudo.



RESONANCIAS


Crece en la voz el día muerto,
muere mi yo lejos de mí,
mueren las voces y los sueños.
Hay un exceso de realidad
en cada vértebra amputada.
Sepulto las vidriosas palabras del profeta,
la sed de los ahogados como lámpara,
el último tictac de parda cola
y el amarillo hediondo de la ola
y todo lo demás que ya es tan poco.



POETIC ART


Las palabras no tienen sino un desgarramiento voluminoso
un mustio jardín de horas y de orejas recomidas por el musgo
el poema no se escribe sino con sangre
y la sangre es un olvido tenue de la lluvia.
Los lugares se arrastran por el viento.
El poema tenido como un espejismo brilla
o quema sin sentido. Se tachan se rehacen
las partes inhallables.
Las palabras olvidan lo que dicen:
su único pasado es el silencio.
Sólo falta que yo también me olvide
o me recuerde que todos recordemos
las cosas que no estaban.



DEBAJO DE LA MÁSCARA, OTRA MÁSCARA


El rostro se desteje como piedra,
la piedra como pájaro que nace
de una cadencia anterior a mi mano
y el olvido como una jaula pequeña
con dos hienas.
Cruje la mirada,
el eco de mi voz deshila el viento.
Las vísceras del tiempo oscurecido,
húmeda luz donde florece el llanto.
La palabra se posa en medio de la muerte.
Debajo de la máscara, otra máscara,
y el hombre,
hueco y dardo frío del entorno a solas
bajo el ardiente armazón del pavimento.



PULSO Y MEDIDA


La lluvia hace girar la sed: es un molino.
Se distancia la muerte inundada de pájaros.
El fuego es todavía muy niño para extinguirse.
El aire cuelga de las dos menos alba
como una estatua que olvida su peinado
en lo frío del suelo
en lo duro del pulso al dibujar las sombras
que me forjan la lluvia
o la ventana que huye aterrada
por todo el bosque
como si alguna voz lanzara sus cristales al vacío
y sólo se tuviera como propio
la ciudad con su torre de clavos y guirnaldas
o el cordón de un zapato y la conciencia.



MAGIA


Desde una alta ventana digo adiós a los pájaros,
frías se amontonan las luces en cada ventana.
De mi mano brota el humo del misterio,
única realidad del hombre.
Bebe de mis venas el silencio dilatados conjuros.
Una palabra que se escribe con fuego
o el eco de un dolor pasado a limpio:
se insinúan las líneas en el papel quemado.



EL POEMA


Arde en el movimiento de unas alas
y en el sonido infecto de la sangre
el poema.
Reconstruyo mis pasos
hacia una noche sin centro.
El silencio desgarra cauteloso
la pared y la llena de un temblor
tan preciso
que al subir no se le siente el espesor
no se le palpa dureza cuando baja
no se le detiene con el pensamiento
el poema es volumen y falta de volumen
velocidad
relámpago
la velocidad con que se piensa
un árbol es menor a su crecimiento.
En el poema cada palabra busca
medir el tiempo de su realización infinita.



APARICIÓN VESPERTINA


Hacia dónde partir de tanto estrago,
demoliendo el instante y la caída,
recorrido mil veces por un enternecimiento de la luz,
pleno cuerpo rehecho entre mis lágrimas,
amarillento estuche de los huesos
en el que guardo el mundo y me apuñalo y grito.
¿En qué paraje del espejo hallar un hueco,
una salida?
Voy desde los otros retornado,
los otros que se apozan y disgregan
en mí como una selva errante.
Cada día en el mundo se apaga un sol más alto
y otro sol más huraño va naciendo en lo recóndito del pecho
cada día en el mundo morimos de perennidad
y cada vez en lo oscuro de la memoria
algo se vuelve denso al disolverse.
En el bosque, en lo sagrado, se recobra el amor.



EL RIO SE ALEJA POR MI MANO


En el ojo extirpado que la luz ha roído
la eternidad me sueña estos harapos.
Miro el mundo a través del vidrio roto
de la noche.
El viento absorbe las estrellas más pálidas.
El muro de mi calle estira el paso.
Una gota de pájaro disuelto: lodo de la voz.
Empuña anochecida garganta el sol sediento
y cruje entre las venas la podrida madera
de otros sueños.
El río se aleja por mi mano como si presintiera
un vacío de sí que guardo dentro.
¿Qué sino un poco de aire negro y
unas huellas que no tienen camino
me destinan ahora los relojes?
No sobra distancia a lo dormido —dices—
viejo roto ventanal entrando despacito
con tu devastación fortificada.
Mi alma cuelga de todos
tus clavos de urgencia, eternidad.

 

Copyright © 2007 José Alejandro Peña

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