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José Alejandro Peña

El Fantasma de
Broadway Street

y otros poemas

HELLCAT


El suelo sobre un ángel va sangrando
almorzamos las tinieblas del sábado
mi novia dice que aún el amor
puede ser comprado en las joyerías
del cielo
la bella hechicera me ha puesto
un collar de acertijos
y desde entonces toda palabra mía
es un golpe de aire en el espejo
un poco del olvido se arremolina en tus ojos
ante las maravillas de las grandes ciudades
cada pedazo de tu infancia te traerá
una esperanza envejecida
y el sol cubierto por los pájaros
ya no tendrá el olor de las manzanas
un ángel que rodea con el brazo las cenizas
de nuestros pasos
dejó la cera de sus alas en el asiento del avión
el cielo puede huir de las pupilas
recién sacadas del cajón de nuestras lágrimas
el amor es semejante a la muerte
en lo dulce
en lo excesivo.



MAGNETITA


El ascensor del edificio
donde vive el poeta
es cuatro veces más grande
que el cielo
y los amplios pasillos de la alcoba
duplican el trayecto
sube con la velocidad de su hechizo
baja con la lentitud del esfuerzo
las nubes en pedazos rearman
sobre el lago todas las interrogantes
que me he hecho del mundo
toda mi vida la viví en un instante
mientras escribía este verso intro mental
borrado por la brisa de los párpados
inservible como el ascensor de un hospital
sube con la lentitud de tu esfuerzo
baja con la prontitud obtenida en
alcanzar lo profundo de aquello
que se niega
he ido soltando
los carbones de mi andar tan cabizbajo
ven a tomar mi experiencia como un viejo
abrigo abandonado.



POEMA DOSIFICADO EN “A” Y “H”


Te cedo estas palabras dosificadas
del temblor de mi cuerpo
y te cedo para siempre la alegría
de nunca más
ya todas mis palabras serán de dos en veinte
y no ya de cien en doce
por el ramito azul de besos colorados
besos lamidos desde lejos
y abrazos que me mojan el alma de
cuerpos invisibles
todo lo que se guarda del polvo
se ilumina del polvo
hasta las voces aparentes que van cayendo
allí donde no hay nada.

¿Por qué tendrá que ser así la vida
y no a la inversa de lo vertical?
¿Por qué han ser de nuevo horizontales
la pausa
el ojo
los naipes ulteriores?
¿Por qué si digo "surco de labio" no florece
el imperio?
¿Por qué si digo "a la raíz de los vuelos del clamor"
mi mano de tu mano se vacía
y se llena?
Y si respondes
¿no es natural que se anticipe la perenne
emboscada de los brazos abiertos?



PARA SALTAR DEL TRAMPOLIN


Rima y rema el dolor de los ahogados
que doblan el pantano
y se llena de música
y se agita en el polvo
esta cosa que dejo
entre palabra y palabra...

Lo que ahora te ofrezco quedará
(te lo juro) en el péndulo de la
grave edad que hace de la
gravedad un conjunto de llaves
para abrir esto mismo que no sé
lo que es.

Es al revés de lo que te diré
donde me he quebrado los huesos
que me faltan
y mi alma se desgrana en tu mano
extendida.

Recoge este fragmento del ojo
que te mira
o te adivina.

Tacha, recubre tus melodiosas
manías interiores
de una sed sin acordes abundantes.

¿Has palpado el silencio que te ofrezco
en los cofres repletos de hormigones
donde se sueña siempre
alcanzar algo del otro lado
que no sabemos qué es?

¿Has visto cómo ríen las bicicletas
bajo los arcos de las piernas de las
muchachas neoyorquinas?

¡Ríen con todos los pedales!



EL FANTASMA DE BROADWAY STREET


Cruza velozmente la acera (puedes verlo también desde
tu alcoba o soñarlo desde una perspectiva kafkiana
dolorosa) cubierta de una nieve negruzca la sombra de un
hombre que imagino feliz como si se fuera a morir ante
la puerta del Hotel Saint Nicholas.

Migajas de luna hambrienta
el hálito oscilante de mi frente.

El día se traslada al lugar de la noche
y la noche se viene a vivir a mi casa
ratas en un armario de sollozos tejidos al azar.

El silencio cuelga de mi ventana como
la pelambre de un animal viejo.

Paso el cerrojo a los soles que caen
al otro lado del mundo.

Oigo.
Conozco el mundo solamente de oídas.



ESCALERA DE JADE


                                      
 A Vilena Kingsley


Una llovizna de flores blancas
tu mirada cubierta de rocío.

De repente todo ha cambiado
el mundo se movió de sitio
y ahora no sabemos en qué parte
de nuestra vida dejamos de reír.

El camino está dentro del espejo:
nos devuelve un andar que ya perdimos
en otro espejo igual de nuestra ausencia
la compacta humedad de tus muslos
que se rozan cuando vienes
conmigo por la calle
“escalera de jade” —dices— escalera
de jade para volver de un sueño
que se marchita y fosforece en torno a todo.

Se repliegan incendiados lienzos
en los cuales aún gimen
se agotan
crecen nuestros primeros sueños
y tu ausencia arrancada del fondo del espejo
se torna tan real
que hasta fingimos el recuerdo
de alguna cosa insostenible o bella.

La escalera de jade
de nuestro hechizo in escalado
sufrió de ser la cosa presentida
la cosa inmaterial que expande
su dureza sorpresiva
y sube
y baja
el ascensor del cielo que imagino
de pronto cuando ríes.



EL POEMA NO SE ESCRIBE, SE VIVE


I

El poema que ahora escribo
entre bloques vacíos y perennes
es una pausa melodiosa y sombría
por la que se agranda y duplica
todo el cielo.


II

El poema que trato de escribir
mientras camino
mordido por el látigo de la
desesperación invocada
no cabe en los cuatro cajones
que lo exilian.
En vano voy puliendo con navajas de cristal
cada pedazo roto de la noche...


III

El poema no se escribe
se vive
no se lee de modo igual cada vez
cada día
sin que se pierdan las palabras en
el sitio de siempre
en lo inverso del tiempo en la
memoria.




IV

El poema que escribo sin palabras en mi mente
es una lenta percepción de símbolos de cosas que no existen
sino en la duración de su trayecto más simple y más sublime.

Viví de prisa todo lo que pude
todo lo que pude
v a s t a m e n t e
¡oh, perdonadme!




EL ALUCINADO DE AMSTERDAM


                                 
I don't know. I don't care. And it doesn't make
                                                  any difference.
                                                  Jack Kerouac



I

A veces baja el muelle hasta su grave amplitud
que llega al labio y lo eterniza de la voz si es el silencio
y de una voraz melancolía de vino y de salitre.
Alucina el andar que se retrasa en las vitrinas
de una vieja ciudad:
Amsterdam
París
Santo Domingo
y las bolitas de nieve de mis calcetines
que tanto cielo han derribado.


II

Hombre ¿qué nueva irrealidad repones
cuando pierdes el sueño de otras noches?
Yo no conozco ni anticipo
ni detengo: me basta con tener
todo este asombro y estas ruinas.


III

Memoria que se niega a enderezar la flecha
de toda la alegría que nos falta
perturba tanta ruina y se adjetiva en vano
esto salvaje que viene a deshilarte la cabeza.

IV

Huraño permanece en mi sombrero
el viejo sol que entierran las palomas
pedazo por pedazo hasta que ya no se ven
sino pequeñas manchas sobre el suelo rojizo
y humillado.


V

En mi país hay una flor que asusta
de tan pálida ¡hosanna, hosanna!

En mi país hay una sola sombra del tamaño del cielo
una sombra recién parida de tan rancia
alumbrando los rostros con velitas
y comiendo los trozos de una hernia de juez
de politólogo o de momia escolástica
en el salón del huésped asesinado
por ya tan nunca así refractaria metafísica
una que otra forma de delirio abulta
la conciencia-páramo.

Al colmo de mi altura me he subido a sofocar
el hielo de mis vísceras quemadas.

Así tan nunca siempre abisma mi chaqueta el suelo.
Así temblando se comerán las aves a los puercos
se comerán las nubes a los ángeles
se comerán las piedras mis rodillas y el aire
y ya nunca siempre será de dos maneras
mi rebeldía que suele ser cortada en pedacitos
y repartida entre aquellos que soñaron un poco mal
mi efímera apetencia pacifista.

COPYRIGHT © 2008 José Alejandro Peña

 

 

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